dijous, 29 de gener de 2009

Cuando tener razón no vale


Ya en mis primeros años de vida me costaba acatar órdenes así, sin más, yo siempre necesitaba un porqué.
Ante mis cuestionamientos mis padres acabaron acostumbrándose a razonarme sus imposiciones o aplacar mis interrogaciones con respuestas lógicas y argumentadas.
Así, crecí con el convencimiento que los argumentos fundados son la mejor razón para defender una opinión, aunque muchas veces uno no pueda estar de acuerdo, toda opinión fundada y respetuosa es defendible.
Me convencí que la razón, entendiendo por ésta, cualquier argumento en pro de algo que apele unos conocimientos profundos sobre el tema se puede defender , y de hecho acaba imponiéndose siempre, o eso pensaba entonces ilusa de mi...

Pero me hice mayor y aterricé en el "maravilloso" mundo de los adultos, y descubrí que tengo algo que reprocharles a mis padres: que no me explicaran que en ciertos ámbitos, la universidad por ejemplo, jerarquizada y endogámica donde las haya, no cuenta la razón o quién tiene mayores conocimientos sobre un tema, sino que uno tiene que someterse a la imposición de rango. Oséase a la "titulitis".

¡Qué importa que esgrimas los más contundentes razonamientos, o que conozcas al dedillo el tema sobre el que hablas si ante tí tienes a un "señor/a" - por llamarlo/a de alguna manera- que ostenta el cargo de decano, rector etc.!
Entonces toca lo que vulgarmente se llama "tragar", meterse los argumentos en los bolsillos y largarse calladamente a ocupar el miserable puesto que muy generosamente se digna a dejar que ocupes...
Porqué sí, porqué lo dice él, y además él se cree el dueño y señor de una universidad, que para más inri -en el caso del que yo hablo- es pública !¡
Y vuelves a tu despacho, a tu tarea de hormiga en la sombra, sintiéndote el átomo más insignificante del universo, amenazado por la insolencia y la prepotencia que siempre suelen tener estos tipos, asidos a un puesto incuestionable de por vida, porqué un día demostraron saber algo.

Soy consciente que semejantes actitudes también existen en la empresa privada, pero ahí quién no rinde, quién no obtiene resultados va a la calle. Y eso, siempre es -como poco- algo de justicia que agradecemos los que no le tememos al trabajo, ni a las horas de más, ni a los retos,
ni a la formación continua, ni a la innovación, ni a emprender.

Me planteo en estos difíciles tiempos porqué siempre he transitado los caminos más tortuosos y en lugar de aceptar el rol, jugar a su juego y darles el brazo a torcer, me he empeñado en querer imponer algo que ellos no respetan: la razón, el conocimiento, los argumentos.

¿Cuál es la actitud correcta? Vender tu criterio en pro de ser políticamente correcto, o quedar como sublevada, conflictiva y demás adjetivos peyorativos que puedan adjudicarte por querer tener criterio propio y defender tus ideas, cuando sabes positivamente que tienes más y mejores conocimientos sobre un tema que quién pretende imponerte un puesto, un rango ¿?

Ahora mismo no lo sé. Me siento cansada, abatida después de una batalla dialéctica, ante oídos que no oyen y ojos que no quieren ver.

Mi estrategia de otras veces siempre fue la misma: difuminarme en el paisaje, desaparecer y seguir con mis quehaceres, en el anonimato de mi despacho, intentar hacerlo bien, y aunque sea honoríficamente (término que ellos desconocen) y para mis adentros el tiempo me ha acabado dando la razón, y eso, aunque ellos nunca lo reconozcan ni logren comprenderlo, es mi mayor victoria.

5 comentaris:

Calfred ha dit...

Martes y jueves he estado tratando algunos temas que igual tienen relación con lo que comentas.

Lo primero que te diré es que yo no he notado diferencia importante en esto entre la administración pública y la privada. Si acaso la privada es aún más clasista y dictatorial y respecto a que se despide al que no vale, en fin... desgraciadamente no es así en ninguno de los dos ámbitos aunque es cierto que en esto puede ganar por un poquito la privada (por muy poquito).

Lo siguiente es que he aprendido a no valorar las cosas en términos de bien o mal, de correcto o incorrecto sino de si te es útil o beneficioso para tu paz mental o no.

En ese sentido cambia el prisma de tu pregunta y preguntate (si te apetece claro) ¿qué actitud ante esto me va a hacer más feliz a largo plazo? ¿cual va a hacer que me realice más?

Más cosas. No somos Don Quijote y no tiene sentido desgastar tu vida en una lucha desigual y condenada a la derrota. Si ese es el caso, igual toca cambiar de trabajo o de actitud. Es duro, es difícil, da miedo pero es lo que hay,

De hecho si aún no has cambiado de trabajo es porque hay cosas en el curro que te compensan esos disgustos. Quizá toca asumir que el curro ideal no existe y que todo tiene un lado bueno y uno malo. Disfruta del bueno y acepta el malo.

Eso no significa que no debas hacer nada para cambiar lo que esté en tu mano, al contrario. Sé consciente de qué está en tu mano y actúa para mejorarlo. Pero acepta que hay cosas que no está en nuestras manos (como la muerte) y vive con ello.

Huye de la queja, que no sirve para nada y es solo una expresión de frustración (normalmente mal canalizada) y cambiala por peticiones concretas o planes de mejora...

Y y y y y ...

¡Vaya tio plasta! ¡ya callo!

Cris ha dit...

CALFRED: Primero de todo gracias por tu comentario.
En cuanto a tu opinión sobre que prácticamente no existen diferencias entre la administración pública y la privada discrepo considerablemente. En la privada pese a que también se cometen injustícias y no siempre se despide al que no vale; se suele valorar la iniciativa, el reciclaje y el hecho que quieras aportar ideas.
En la pública todo esto se ve como una amenaza, como que tienes aspiraciones de grandeza y que les vas a quitar el pan, y por este motivo no se tolera.

La escasez de recursos siempre ha sido la tónica general de la pública, donde vives de subvenciones, becas y otras miserias. Y ya se sabe, la escasez convierte a todos en hienas al acecho del mejor trozo.
Además la mayoría de decisiones de la administración públicas son políticas y las consideraciones meritórias siempre pasan a un segundo plano.

Te agradezco la sugerencia de preguntarme cuál es la actitud que me hará más feliz. Me parece una buena manera de plantearlo e intentaré aplicarlo.

Y sí, pese a que no hemos venido a protagonizar gestas heróicas a veces nos asemejamos más a Quijotes contra los molinos: tenemos batallas perdidas de antemano, injustas por esa desigualdad de cargo que no de razones. Real sí, pero muy triste.

Soy consciente de mis limitaciones, las de capacidad y las que me imponen por rango;
pero soy partidaria de escuchar
al de abajo si se expresa con respeto.
Tampoco creo que exista un trabajo "ideal", ¿qué es ideal?
Y siempre suelo tener una propuesta o un plan alternativo cuando no me parece bien algo, para no caer en el error de criticar sin aportar soluciones u otras ideas. Pero lejos de valorarlo lo ven como aspiraciones de grandeza...

No convengo contigo en que la queja no sirva: manifestarse sirve, decirle al mundo que crees una situación injusta sirve, aunque sea para hacerlo patente o a vece para desahogarte. ¡Cuántas causas antes injustas que lograron cambiarse empezaron con la queja de unos pocos!

Calfred ha dit...

Bueno, quizá es una cuestión de matiz. O de lenguaje. Alguien dijo que en el fondo casi todas las discusiones son lingüísticas :)

La queja a nivel laboral entendida como la expresión de que algo va mal puede estar mejor o peor expresada pero si va acompañada de algo positivo como una propuesta de solución típicamente ya no se considera queja sino sugerencia de mejora, cosa que es mucho más positiva.

Si a eso le seguimos llamando queja, entonces sí, estamos de acuerdo en que es muy útil. Pero debe cumplir, creo, esos dos condicionantes: bien expresada (sin emotividad excesiva) y acompañando el problema de propuestas de solución.

Si además va acompañada de, un siempre beneficioso, nivel de humildad (que no va reñido con una inquebrantable asertividad), entonces ya miel sobre ojuelas.

No olvidemos que los demás tienen sus propios problemas que igual desconocemos, que hay una razón para todos los comportamientos y que nadie posee la verdad absoluta (porque nadie tiene toda la información)

Y creo que si la expresamos así, difícilmente nadie dirá que te estás quejando...

Respecto a la queja pura como herramienta de cambio. Pues soy muy excéptico.

Hay muchas manifestaciones (¿quejas?) contra guerras (Iraq, Palestina, ...) y sin duda sirven para evidenciar que una parte de la población no está de acuerdo con ellas pero pocos resultados efectivos he visto yo de esas expresiones de frustración.

¡Cuántas causas antes injustas que lograron cambiarse empezaron con la queja de unos pocos!

Pues no sé, ¿cuantas?

Incluso Ghandi pasó de la queja a la acción (en este caso la inacción más absoluta) para conseguir lo que quería.

Sin acción difícilmente mejoraremos nada.

¿Y desahogarte? Es posible, si te sirve como terapia, adelante.

Pero a las personas "quejosas" de las organizaciones curiosamente no las sueles ver cada vez más realizadas, motivadas y felices sino cada vez más amargadas.

Entonces ¿funciona la terapia?

Quizá solo a corto plazo (o a veces ni eso)

La teoría (podemos no estar de acuerdo) dice que esto es así porque la gente al quejarse translada su frustación al otro ("estoy mal por tu culpa") y es difícil que el otro te arregle la vida.

Si cambiamos el discurso interno por ("tengo una dificultad que me genera frustración ¿cómo la supero?") igual no iríamos a quejarnos al jefe sino que usaríamos otra estrategia.

Interesante diálogo...

Cris ha dit...

Diuen que una imatge val més que mil paraules...

http://www.mujerestic.com/no-te-pagan-para-pensar/

Yoriento ha dit...

Prefiero hablar de integrarme en el paisaje que de difuminarme ;-)

En la administración una postura estoica puede venir muy bien desde el principio, ya sabes, eso de que no es más feliz quien más consigue sino aquél que menos necesita.

Un saludo cariñoso.

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